1. Trabajar contra todo proceso de invasión, colonización, sometimiento, expolio y/o limpieza étnica. El proyecto colonial de asentamiento ejecutado por medio de Israel en Palestina, reconocido como ilegal por todas las instituciones del sistema de Derecho Internacional, es paradigma de cualquiera de esas aberraciones. Hoy, esos países “avanzados” (y sus universidades) que han incorporado el discurso decolonial a la retórica institucional siguen apoyando la ocupación de Palestina y el exterminio de su pueblo.
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2. Oponernos al sostenimiento de las relaciones de cooperación con el Estado de Israel por parte del Estado español y sus instituciones, incluidas las universitarias, pues según la legislación internacional ese sostenimiento las convierte en cómplices de genocidio. La vulneración de las cláusulas en materia de Derechos Humanos que acompañan los tratados en los que participan ambos países nos demuestra a las claras que el genocidio en curso sigue gozando del apoyo, la complicidad, la colaboración, la aprobación y/o el permiso para perpetrar todos los crímenes imaginables en un contexto de décadas de ocupación, robo de tierras, cultivos y recursos naturales, asesinatos ilegales, detenciones, encarcelamientos, asentamientos, expulsiones, apartheid, limpieza étnica y, ahora, genocidio.
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3. Denunciar la complicidad genocida de las autoridades de nuestras instituciones académicas que no actúen respetando sus obligaciones en materia legal. A menudo, desde ciertas posiciones jerárquicas, se nos sugiere “no mezclar ciencia y política”, expresión que da cuenta del grado de degeneración epistémica de la academia contemporánea. Exigimos un mínimo de decoro y respeto por las normas a quienes, en presunta representación de nuestra ‘producción y transferencia de conocimiento’, son los primeros en ‘hacer política’: necropolítica, para ser más exactos, legitimando un orden supremacista que distingue entre vidas dignas y valiosas, por un lado, y vidas despreciables y subhumanas por el otro.
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4. Seguir comunicando que el Paradigma Palestino no es una “cuestión compleja” ni un “conflicto irresoluble”, sino un asunto sencillo que ha sido convenientemente complejizado: un crimen colonial que se resuelve aplicando las normas del mismo orden jurídico internacional fundado a la vez que el propio Estado de Israel.
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5. Trabajar al servicio de una academia que estudie, investigue, discuta y enseñe para transformar las realidades locales y globales hacia un mundo más justo, aprendiendo de la Historia, respetando la Memoria, rechazando toda forma de dominación, dignificando la palabra crítica, con los Derechos Humanos como referencia básica. Hablamos de dignidad y rigor, no de responsabilidad corporativa, rankings de calidad o sellos de excelencia que adornan vestíbulos encerados.